sábado, 29 de septiembre de 2007

Limpieza de sangre - Arturo Pérez Reverte


En éste, el segundo tomo de Las aventuras del Capitán Alatriste, el joven Íñigo Balboa cae en poder de la Inquisición. La trama es fácil de deducir para quienes leyeron el primer volúmen: en esta ocasión, Diego Alatriste, con ayuda de Quevedo y del conde de Guadalmedina, debe rescatar al valiente mozuelo, ese ahijado que la vida y la muerte pusieron en su camino para demostrarle que incluso un soldado curtido por innumerables guerras tiene un costado vulnerable.
El delicioso Pérez Reverte me ayudó a ampliar mi vocabulario: desde que lo leo, utilizo a diario palabras como ardite, higa, hidalgo y pardiez. Y descubrí que esas peleas de intelectos que hacen que los escritores parezcan vedettes viene, al menos, desde la época de Quevedo y Góngora.
Copio un párrafo de Limpieza de sangre, para que vean vuestras mercedes:
"... aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen amparándose en la autoridad de otros... y si terribles son quienes dicen actuar en nombre de una autoridad, una jerarquía o una patria, mucho peores son quienes se estiman justificados por cualquier dios... porque en las cárceles secretas de Toledo pude aprender, casi a costa de mi vida, que nada hay más despreciable ni peligroso que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila... y aún resulta peor cuando se actúa como exégeta de una sola palabra, sea del Talmud, la Biblia, el Alcorán o cualquier otro escrito... desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro...".

miércoles, 1 de agosto de 2007

El anatomista - Federico Andahazi

En el año 1996, El anatomista causó un revuelo digno de la Edad Media.
La novela de Federico Andahazi había resultado ganadora del premio literario que otorga una fundación; pero cuando la voz mandante de dicha fundación, una señora de alcurnia y apellido famoso, se enteró de qué iba el libro, puso el grito en el cielo e intentó retirar el premio de las manos de Andahazi (no recuerdo si lo logró o si alguien le comentó que el hecho de no otorgar un premio bien ganado es muy poco ético).
La trama es la siguiente: Mateo Colón es un anatomista del Renacimiento. El anatomista se enamora de una mujer que no corresponde a semejante amor. Pero el hombre se emperra y decide recorrer el mundo en busca de un filtro, remedio o yuyo que permita dominar la voluntad femenina. Luego de un tiempo se da cuenta de que no existe tal cosa, mas gracias a su perseverancia y su sabiduría en lo relativo al cuerpo humano, Mateo Colón descubre el clítoris. Descubre que las mujeres tenemos en nuestro cuerpo un órgano cuya única función es darnos placer. Y ahí se arma un membrillo que ni te cuento.

El anatomista es uno de esos libros que ampliaron mi visión de la literatura. Cuando leí Cien años de soledad, supe que la literatura es un paraíso embriagador e infinito. Cuando leí por primera vez a Borges, supe que la literatura es un laberinto perfecto.
Cuando leí El anatomista, supe que se puede hacer equilibrio entre el erotismo y la pornografía sin caer jamás. Y entonces entendí que además de belleza y amor y paraíso y laberinto, la literatura es arte marcial.

viernes, 13 de julio de 2007

El curioso incidente del perro a medianoche - Mark Haddon


Los amantes de los floripondios literarios aborrecerán este libro. Lo aborrecerán por distinto, por salvaje. Por no-esperado. No hablo de la trama; la trama de El curioso incidente del perro a medianoche no es lo que lo convierte en uno de los diez (o cinco, capaz) mejores libros que leí (justa y cruelmente, García Márquez queda fuera de todo concurso).
Esta novela misteriosa y dramática está narrada en primera persona por Christopher, un adolescente autista que es capaz de realizar cálculos matemáticos con cifras inverosímiles pero que no entiende las metáforas. Es decir: si van a leer este libro, prepárense para enfrentarse a una novela carente de todo recurso embellecedor de letras. En El curioso incidente del perro a medianoche no hay más que narraciones de hechos concretos y pelados. Es como si yo escribiera un libro de doscientas páginas en el que contara mi vida de la siguiente manera:
Hoy me desperté y desayuné. Saqué a pasear a mi perro. Al mediodía me preparé el almuerzo. Y le preparé el almuerzo al perro.
Y así, doscientas páginas. O trescientas. O lo que sea. La diferencia vital entre ese bodrio de dos líneas que acabo de escribir y el libro de Mark Haddon es que el libro seduce, angustia y emociona.
Mark Haddon demuestra tener un talento extraño: atrapa al lector con un libro que está escrito sin más recursos que una endiablada narrativa. Los amantes de los floripondios literarios lo acusarán de pobreza de lenguaje.
A mí no me gustan los amantes de los floripondios literarios. Confunden la primavera con un invernadero.

miércoles, 4 de julio de 2007

B de Bestias - Sue Grafton


Sue Grafton tuvo una vez una excelente idea: escribir una saga de novelas policiales utilizando, en sus títulos, las letras del abecedario. Es decir, letra por letra. Novela por novela.
El libro de hoy es el segundo de la saga (ya se que no hace falta tener mi elevadísimo coeficiente intelectual para darse cuenta, ya se que ya saben que la B es la segunda letra, pero ténganme paciencia) y está protagonizado, como todos, por la extraordinaria Kinsey Millhone. A ver, lo genial de Kinsey Millhone radica irónicamente en que de extraordinario no tiene nada: hasta ahora, no conozco un detective de novela que sea tan creíble como la heroína del abecedario. Dos veces divorciada, amante de la comida grasosa y poco saludable, sensible a los hombres hermosos, terca, malhablada.
Y con licencia para llevar armas.
Nos encanta Kinsey Millhone porque la sentimos posible. Sabemos que cuando seamos detectives no seremos ni el perfecto Sherlock Holmes ni la bondadosa Jane Marple ni el cándido Padre Brown.
Cuando el sueño de convertirnos en el mejor detective se haga realidad, seremos Kinsey Millhone.
Y nos encanta.

lunes, 25 de junio de 2007

Yo mato - Giorgio Faletti


Giorgio Faletti quiere ser Frank Ottobre. O, al menos, quiere tener su sangre de héroe sufrido y melancólico. Por eso Ottobre es como es: su creador lo diseñó a imagen y semejanza de sus deseos.
Soy una lectora fácil pero exigente. Leo lo que sea, pero cuando la vanidad del escritor hace que su novela quede oculta tras signos personales, me desenamoro.
Luego de leer Yo mato, siento que Giorgio Faletti quiere ser Frank Ottobre, su protagonista. La certeza de esa vanidad infantil, que a otro autor no se la perdonaría, a Faletti se la permito, se la celebro y justifico: ¿cómo no voy a dejar pasar ese reflejo, si Faletti domina con habilidad de domador el corazón de sus novelas sangrientas? ¿Cómo no voy a desviar la vista ante sus metáforas horrorosas, si lo que busco (y encuentro) en Yo mato es una jugosa historia de matanzas turbias, de suspenso intranquilo, de personajes oscuros?
Giorgio Faletti (músico, compositor y conductor de televisión) se anima a escribir, y logra que quienes estamos del otro lado no podamos ni queramos dejar de leerlo.
Para disgusto de los intelectuales y a pesar de sí mismo, Giorgio Faletti enamora con letras que chorrean sangre.